viernes, 11 de marzo de 2011

15.


La chica sonrió.  Y él besó su sonrisa. Un simple roce de sonrisa contra otra sonrisa. Un simple instante. Un instante de pura magia. El muchacho sujetó la cabeza de ella entre las manos. Un suspiro, cuatro palabras.
 -Te querré siempre, Juliette. 
Era una simple frase. Una frase que hubiese hecho feliz a cualquier chica. La frase que escribiría en su diario rodeada de corazoncitos y demás tonterías propias de la adolescencia. Sin embargo, ese no es el caso de nuestra Juliette. Juliette no se alegró.
La joven rubia se dedicó a apartar la vista, con sus labios hechos una fina línea, sin haber ni rastro de la sonrisa que había lucido minutos antes. Aaron se decepcionó. Sabía que Juliette era distinta, no era como las otras chicas con las que había salido.
-¿Julie?
Ella no contestó.
Siguió sin mirarle. Pero Aaron solucionó el problema. Hizo que lo mirara a los ojos. Ella tartamudeó. Pero habló, lo que era un avance.
-¿Por qué?
Los ojos azules de ella estaban vidriosos. ¿Iba a llorar? Aaron podía asegurar que esto no le había pasado nunca. De normal, cuando decía esas cuatro palabras, cambiando la última, por supuesto; le cubrían a besos. Juliette estaba llorando.
-¿Por qué me mientes de esa manera?
Aaron vaciló. Era una mentira, cierto, pero una mentira piadosa. ¿Por qué le afectaba tanto a Juliette? Pero la chica no le dio ninguna respuesta. Se levantó. Y desapareció
Aaron se quedó estupefacto, sentado en el sofá. Podría haberse levantado, podría haberla recuperado. Pero vaciló. Y eso fue lo que hizo que la perdiera. 



Estos días me ha dado por escribir. Relatos cortos, que cuentan una histora a medias. Tengo unos cuatos acumulados, pero este me gusta especialmente. Es una tontería, y sé que aun soy bastante infantil en lo que a escribir se refiere, pero, ¿acaso no es hermoso lo que pueden hacer las palabras? Aquí os lo dejo. Y pronto traeré más.